miércoles, 24 de agosto de 2011

Una de reflexión...

Tiene cojones que la persona más romántica que conozco a la hora de pensar, escribir y soñar sea también la que más miedo al compromiso tiene. En parte es normal, pues ciertos acontecimientos que han tenido lugar en su vida hacen que desconfíe a la hora de volcar todos sus sentimientos en una sola persona.
Puede que muchos crean que en verdad, aunque esa persona se vaya, siempre te quedará alguien. Pero a ella, su parte romántica la obliga a que si está con alguien, ese alguien ha de ser quien lo sepa todo sobre ella, debe ser el pilar que la mantenga en pie. Y también ella quiere sentir que es quien sostiene la vida del otro.
Es un tipo de confianza que hoy en día no está de moda, pues lo que se llevan son los cuernos a modo de tocado y lencería fina a modo de ropa. No quiero decir con esto que a ella no le guste divertirse, si no que lo que no quiere es llamar relación a lo que ella ve como un rollete (si es que llegase siquiera a eso).
Ella llama a las cosas por su nombre y por ello muchas veces la gente comete el imperdonable error de llamarla guarra. Solo tengo una cosa que decir al respecto: mentira.En ese caso: ¿Es una guarra porque no llama novio a todo el que la besa?¿Es una guarra porque no considera a los besos más que besos?¿Es una guarra por no querer llamar amor a la simple atracción?
Pues si la respuesta a estas preguntas es sí, en ese caso: sí, es una guarra, pero va a serlo con orgullo pues es una guarra que tiene sus principios mil y una veces más claros que aquellos que se lo llaman. Así que, si no quiere mantener una relación seria, no penséis que es porque es una guarra sin corazón, si no que deberíais plantearos la opción de que quizás lo único que intenta es no convertir al capullo de turno al que solo le interesa el bienestar de su pene en lo único que la ayude a seguir con su vida.

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