viernes, 26 de agosto de 2011

El Mundo De Lea

El mundo de Lea es otro blog que escribo. Me gustaría que si alguien lee esto, se pasase a echar un vistazo por allí, pues ese blog va a ir contando una historia poco a poco. No quiero dar mucha información, pues quiero que lo descubráis por vosotros mismos, pero espero que sea algo que me lleve un tiempo acabar. Más o menos, la historia tratará de lo siguiente:
"Lea es una chica de 16 años que lleva su vida con una cierta paciencia intentando no desesperarse. Para ella, eso es difícil, pues en su día a día ha de enfrentarse a lo mismo que cualquier otra persona de su edad que va al instituto y tiene amigos. Pero ella jamás se altera. Siempre, siempre está serena y calmada. Parece que nada la afecta. Lo único que la ayuda a mantenerse de este modo es algo que nadie sabe que hace... pero que ni ella misma se da cuenta de lo que puede llegar a suponerle."
Bueno, espero que no haya sonado demasiado "intenso", pero bueno, pese a todo, iré escribiendo regularmente para quien quiera leerlo. Gracias y espero recibir comentarios! :)

miércoles, 24 de agosto de 2011

...Y otra de pensamientos profundos.

Y aquí sigo, tratando de sacar algo en claro de una situación tan gilipollas como la que más. En el fondo creo que lo único que busca mi cabeza es un poco de paz, pero ahora mismo y a esta edad creo que será imposible concederle ese gusto. Puede que de aquí a un par de años ya lo tenga todo un poco más claro y vea las cosas de un modo distinto, pero a día de hoy y en la situación que me encuentro, lo veo algo imposible. No puede ser que temas tan sumamente irrelevantes como el sexo o la apariencia ocupen más sitio en mi cabeza que los estudios o el amor.
Pero bueno, los adolescentes de hoy siempre podemos recurrir a la excusa de que todo es culpa de esta nuestra sociedad. Y en cierto modo, tampoco iríamos muy desencaminados, pues la cultura de hoy en día consiste principalmente en marcar unos estándares mediante los cuales poder decir quién está por encima del otro. Dichos estándares, hasta cierto punto, nadie sabe realmente quién los dicta, porque de todas formas, de eso se encargan otros, nosotros estamos aquí para asumirlos y construir nuestra vida en torno a ellos para tratar de alcanzar una perfección imposible.
Lo más paradójico y a la vez gracioso de todo esto, es que esos estándares cambian a cada poco, por no decir que están cambiando continuamente. Y hay un montón de personas (en su inmensa mayoría adolescentes preocupados) que tratan desesperadamente de cumplir esos requisitos que ellos mismos se han impuesto para tratar de ser lo más perfectos posible y así ser aceptados e integrados en un grupo de personas como ellos y en el que realmente es uno quien manda y los demás solo están ahí para hacer bulto detrás de él o ella.
Y, si lo piensas, ese uno que manda, no es nunca el que más ha trabajado y más se ha esforzado en ser como es, si no que el que manda será el único que no haya tenido que hacer nada debido a unos buenos genes y a la suerte del destino. Así que lo mejor es olvidarse de los estereotipos marcados por la sociedad y tratar de sentirse bien consigo mismo. Simplemente hay que saber mirarse al espejo (por dentro y por fuera) y encontrarse siempre algo bueno por lo que merezca la pena ser tú mismo.
Todo lo que no te guste, has de intentar cambiarlo, pero así todo, seguir mirándose en el espejo todos los días y reafirmarse en ese algo nuestro que no cambiaríamos por nada de nadie. Porque pese a que intentemos cambiarnos a nosotros mismos, no hay que perder ese algo que nos hace especiales, pues ya sabemos que quienes son respetados no se hacen... esos, nacen.

Una de reflexión...

Tiene cojones que la persona más romántica que conozco a la hora de pensar, escribir y soñar sea también la que más miedo al compromiso tiene. En parte es normal, pues ciertos acontecimientos que han tenido lugar en su vida hacen que desconfíe a la hora de volcar todos sus sentimientos en una sola persona.
Puede que muchos crean que en verdad, aunque esa persona se vaya, siempre te quedará alguien. Pero a ella, su parte romántica la obliga a que si está con alguien, ese alguien ha de ser quien lo sepa todo sobre ella, debe ser el pilar que la mantenga en pie. Y también ella quiere sentir que es quien sostiene la vida del otro.
Es un tipo de confianza que hoy en día no está de moda, pues lo que se llevan son los cuernos a modo de tocado y lencería fina a modo de ropa. No quiero decir con esto que a ella no le guste divertirse, si no que lo que no quiere es llamar relación a lo que ella ve como un rollete (si es que llegase siquiera a eso).
Ella llama a las cosas por su nombre y por ello muchas veces la gente comete el imperdonable error de llamarla guarra. Solo tengo una cosa que decir al respecto: mentira.En ese caso: ¿Es una guarra porque no llama novio a todo el que la besa?¿Es una guarra porque no considera a los besos más que besos?¿Es una guarra por no querer llamar amor a la simple atracción?
Pues si la respuesta a estas preguntas es sí, en ese caso: sí, es una guarra, pero va a serlo con orgullo pues es una guarra que tiene sus principios mil y una veces más claros que aquellos que se lo llaman. Así que, si no quiere mantener una relación seria, no penséis que es porque es una guarra sin corazón, si no que deberíais plantearos la opción de que quizás lo único que intenta es no convertir al capullo de turno al que solo le interesa el bienestar de su pene en lo único que la ayude a seguir con su vida.

Ya es hora

Y, poco a poco, admites tu derrota, admites la verdad, comprendes que esa mentira ya se acabó. Es tu momento de descubrirte y de dejar de hablar en 3ª persona. Ahora ta eres tú. Tú, capaz de querer, de amar; tú, con ganas de vivir y de soñar; tú, que rompes los esquemas y te sales de la norma; tú, que lo quieres todo y te conformas con lo que consigues; tú, que sientes, sufres y lloras. Pero lo más importante es que a ti no te da miedo decir quién eres.
Por eso hoy, y ahora, admito que ese Tú soy Yo y que ya basta de hablarle a alguien que solo existe en mi interior y dar consejos a los demás dejando pasar mis días. Basta. Hoy es mi momento y a partir de hoy esta es mi vida y pienso vivirla para mí.
Por todo eso, de ahora en adelante, no tendré miedo de admitir quién soy. No tendré miedo al amor; porque es bonito mientras dura y, cuando se acaba, es una herida que sana con el tiempo dejando como única secuela los buenos recuerdos. No volveré a temer al dolor ni al llanto, pues es lo que me hace persona, lo que pone de manifiesto que tengo corazón y que creo en él. Y lo más importante de todo: no volveré a tener miedo del qué dirán o del qué pensarán; porque ni las palabras ni los pensamientos podrán hacerme daño nunca más, simplemente me hrán más fuerte.
Es irónico que de esto me de cuenta a estas alturas, pero nunca es tarde para aprender. Y si hay algo que he aprendido es que soy como soy, y las personas van y vienen. Unas veces se que dan y otras no, pero si hay algo que hay que tener claro es que no podemos dejar que se lleven consigo nada que nosotros no queramos perder.

sábado, 20 de agosto de 2011

Para los que dicen que hay que madurar

Sentada en mi cama, en pleno desvelo, 11:06 de la noche. Decido pensar y escribir, pensar y escribir.... De esta situación sale una simple idea: en todo este tiempo....He cambiado.No sé si para bien o para mal (eso júzgalo tú mism@), pero he cambiado.
Me siento diferente, con un modo nuevo de ver el mundo y a las personas. He descubierto algo más sobre mí misma: soy una niña. Y dirás "¡No jodas!, ¿En serio?" Pues sí. No es ninguna broma. Me refiero a que soy perfectamente consciente de que por muy madura que sea, por mucho que intente crecer, la niña que hay en mí tiene energía aún para el resto de mi vida. Y me encanta. Creo que es lo que más me gusta de mi personalidad. Que soy una niña.
Una niña feliz y con ganas de jugar, una niña en busca de aventuras y con sueños increíbles... Pero lo mejor de todo es que soy una niña que sabe ver con ojos de adulta. Una niña que sabe cuándo dejar de reír y de jugar, una niña que sabe cuándo hay que parar y cuándo poner los pies sobre la Tierra. Y eso me hace fuerte. Puedo disfrutar del más pequeño placer, de la más ínfima de las cosas; pues en mi interior soy pequeña y siempre lo seré. No soy una fruta, yo no quiero madurar. ¿Para qué?¿Para necesitar preocuparme por estupideces?¿Para tener que callar ante todo?¿Para no poder ser feliz cómo ni cuándo yo quiera? No, gracias. Si tú quieres todo eso: madura, pierde tu infancia. Si crees que por eso eres más "guay" o mejor que yo, te equivocas. Yo, en mi infancia perenne, puedo hacer todo eso que tú haces y que crees tan de "adulto", solo que yo lo disfruto como la niña que soy mientras tú te lo callas todo: risas, bromas, comentarios... solo para hacerte el/la interesante.
Aunque esto no quiere decir tampoco que yo sea mejor que tú, a ver quién te crees que soy para poder decidir eso. No, no soy no más "guay" ni mejor que tú a ojos de los demás. Todo lo contrario. Yo soy una friki, "pina", rara o marginada...pero, ¿sabes una cosa? Yo soy FELIZ, algo que tú, si sigues por ese camino, no serás nunca. No digo con esto que la única forma de ser feliz sea siendo como yo, pues eso a ti puede que tampoco te dé la felicidad. La fórmula mundial y universal de la felicidad es ser tú mismo. Sin más. Sé feliz... a tu manera. Ríete cuando algo te haga gracia y cállate cuando no, gasta bromas si te apetece, juega, diviértete... Sin que te importe lo que digan, deja a todos esos robots a los que sin sentido alguno consideramos "guays", que sigan con sus máscaras de hielo imitándose los unos a los otros e intentando ser lo que no son.
Creo que con este discurso he dejado bastante claro cómo soy y lo que pienso. Solo espero que si alguien lo lee, intente pensar un poco sobre ello y valore lo que acaba de leer.